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Cómo me gusta encontrarme con una buena reflexión sobre el mundo del cómic. Sobre todo si es de superhéroes, una parcela tan denostada en según qué momentos y tan sobrevalorada en otros. Permítanme, aunque sea de forma caótica, decir algunas cosas al respecto.

En general me siento muy cómodo abrazando la mayoría de los planteamientos que Ángela sostiene. Si bien hay cosas que deben ser dichas en relación a la condescendencia con el poder y los comics de superhéroes.

De entrada decir que el cine casi siempre traiciona al cómic. Esta traición en buena medida la justifican con el manido planteamiento de que se trata de medios distintos con tiempos distintos, bla, bla. Todo el mundo entiende que un cómic no deja de ser un storyboard en un planteamiento de máximos, esto nos invita a pensar que los que hacen pelis sólo deberían seguir esos “storyboards” preexistentes. No digo yo que esto sea factible en todos los casos pero, visto lo visto, tal vez mejores historias nos habrían llegado.

Ángela se queja, y razones le sobran, de la falta de denuncia del poder por parte del medio de superhéroes. Nada más leerlo vino a mi cabeza un autor que yo considero que se trata de una salvedad y, justo por eso, conviene no escatimarle un justo reconocimiento. La salvedad a mi entender se llama Chris Claremont y todos quienes seguimos a los X-Men desde niños vimos como una colección muerta y entrerrada en la primera mitad de los años 70 resurge de sus cenizas tras su llegada. La palabra mutante coge tanta fuerza que en poco es sinónimo de oro. Algo similar a lo que consiguió Frank Miller revitalizando a Batman y Daredevil levantando dos muertos del ostracismo comercial. Todo lo que escribe Claremont se vende como rosquillas recién hechas.

Él crea la "Ley de Registro de Mutantes" en los 70. Una ley que por sí misma constituye un acto político del MAL, el antisemitismo nazi aplicado a los mutantes. El gobierno crea un inventario de sujetos , un registro. En un primer momento sólo se trata de información, luego vendrá el sometimiento -mutantes cazando a mutantes- y finalmente el exterminio. Este punto final echa mano del “Centinela” como el brazo ejecutor del gobierno.

La bancarrota de Marvel se evita principalmente con la venta a la FOX de los derechos cinematográficos de sus personajes mutantes. Unos derechos maximizados por el exitazo de ventas alcanzado con las series escritas por Claremont: unccany X-men, New Mutants, X-Factor, Lobezno y otros. Los mutantes vinieron para reverdecer un campo anodino y sin ideas que languidecía desde hacía años. Gracias a Claremont-Byrne, Miller y Lee mas adelante.

Sobre Alan Moore me viene la idea de que si bien él aborrecía de la peli de Whatchmen que tal vez no tanto de la serie de HBO. Aunque Moore es difícil de contentar a mí me parece que la serie es, con diferencia, mucho más fiel al espíritu del cómic.

La novela gráfica "Dios ama, el hombre mata" de Claremont y Brent Eric Anderson sería uno de los mejores exponentes de esta lucha contra el poder.

En otros lares más cercanos como Reino Unido, el mundo superheróico cuenta con casos curiosos que merecen una pincelada. Se me viene a la cabeza el personaje de la editorial Fleetway SPIDER (otra creación de Jerry Siegel, creador de Superman). Un ladrón con rol de superhéroe.

Aquí en España no podemos olvidar las alucinantes portadas de López Espí en Ediciones Vértice que, tanto para Marvel como para Fleetway, sirvieron como canto de sirenas para tantos aficionados en los 60 y 70, entre ellos yo mismo.

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